5/15/2009
5/10/2009
FINAL DEL TANGO
tu ronca maldicion maleva
tu lagrima de ron me lleva
hasta el hondo bajo fondo
donde el barro se subleva”…
Por el círculo sin mugre en la ventana, se cuela hasta la barra en el barsito el único rayo de sol que entra, reminiscencia luminosa de realidad que pesa sobre la nuca de los espectros asistentes a la escena.
Rasguña el bandoneón por nota el aire, perfume a ron añejo que se estanca en las manos, en los vasos y los zapatos que acuden, algunos a olvidar, y otros para recordar.
Sobre la barra, en el extremo bajo que forma la línea de luz pendiente en el cristal, un hombre yace recostado con los ojos inmóviles abiertos, anacrónico vestido con traje y sombrero a lo Gardel, evidencia de una promesa que arrancó al tiempo.
…“Ya se, no me digas tenés razón
la vida es una herida absurda
y es todo, todo tan fugaz
que es una curda, nada mas
mi confesión”…
No se mueve. Si pudiéramos acercarnos escucharíamos no su respirar, sino los últimos latidos que no por últimos son quedos, palpitando bajo el bolsillo izquierdo de aquel saco negro a rayas blancas que en su interior resguarda aquella única foto: la de la morochita de sonrisa brava que hace tantos años vio morir a tiros por la espalda, aquella que al caer violentamente contra el suelo con diez balas en el cuerpo, cayó guardando en el bolsillo izquierdo de su pantalón una foto, de aquel hombre que hoy muere en una curda.
…”Contame tu condena
decime tu fracaso
no ves la pena que me ha herido?
y hablame simplemente
de aquel amor ausente
tras un retazo del olvido
Ya se que me hace daño
yo se que me lastimo
llorando mi sermón de vino
pero es el viejo amor
que tiembla, bandoneón
y busca en el licor que aturda
la curda que al final
termine la función
corriendole un telón
al corazón”...
Y era primavera y era porteña la noche de aquel barrio vestido por la fiesta. Y era aquella una morochita sonriente, de mirada honda y con cabello oscuro, largo y liso. Y era ella de quien le habían contado andaba en armas y había hombres que preguntan y vigilan, y de la que algunos decían que si la estaban buscando “algo habría hecho”, pero que nadie de aquel barrio, tan distinto de los que él frecuentaba, había delatado.
Y fue aquella vez en que todo lo llenaba el violeta claro de la flor Jacaranda, que sonaba Billy Cafaro con aquella canción en que confezaba su amor a una marcianita.
Era de noche y él con su disfraz a lo Gardel, escuchó a sus espaldas la voz de ella que gritaba:
-¡Ché, Carlitos!, y a Lepera ¿Dónde lo dejaste?
Y él que era jóven y andaba enamorado de la morochita monto, la de los jeans y las sandalias, había prometido al dios en que creía que vestiría el traje del ídolo tanguéro si hacía que ella lo mirara.
- ¡El día que me quieras, no habrá más que armonía!
Había respondido él y entonces todo lo demás fue ocurriendo, incluido el intercambio de fotos.
…”Un poco de recuerdo y sinsabor
gotea tu rezongo lerdo
marea tu licor y arrea
la tropilla de la zurda
al volcar la ultima curda”...
La vio caer contra el concreto, la vió escondido, tragando cada grito como un vomito mortal que le pudrió la sangre en los años que vinieron.
Al principio lo mejor era no hablar decían los amigos, tampoco era que a él le dieran muchas ganas. Después vinieron los años de la falsa “democracia”, pero el silencio y la agonía eran irreversibles. Tenía gravado el recuerdo y la memoria que nunca se va y que se mantiene y puede ser fúsil y uno elige hacia que lado dispara y é ya había elegido y apuntaba hacia su cara.
Era de día y caía el sol sobre su cuerpo y por fin el aire se detuvo y por último escucho:
…”Cerrame el ventanal, que arrastra el sol
su lento caracol de sueño
no ves que vengo de un pais
que esta de olvido siempre gris
tras el alcohol”…
Y el tango se acabó.
5/05/2009
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4/28/2008
AHORA SI ADIÓS ABUELITA

27abril2008
Abuelita:
Hay tantas cosas que ya no te dije. Por ejemplo: lo mucho que me gustaba tú pastel de plátano (sé que lo sabías); ¡Lo que llegó a enternecerme aquella vez que me dijiste que seguías amando al abuelo y que él era la estrella que más brillaba en el cielo y te miraba!; o también la importancia que tiene para mí que de chica cuando no podía dormir, asustada por las brujas, te quedaras en mi cama hasta que durmiera; o la vez hace no tanto que con el corazón hecho pomada me metí a tu cuarto de madrugada, entonces me abrazaste y cuidaste hasta que también pude dormir.
Es por ti que en gran medida jugué al futbol y me gustaba al volver cada partido, recientemente los domingos, oirte preguntar como me fue.
Una vez soñaste que tu mamá y tus hermanos estaban en una mesa (como sabes yo sueño mucho, en eso nos parecemos). Había un lugar libre: el tuyo, pero tu mamá, la bisabuela Rufina te detenía, aún no era tiempo.
Yo no creo en dios, tú si lo hacías y solo por hoy me permito imaginar que si existe todo eso, y al hacerlo te puedo ver sentándote a la mesa, sonríes y está el abuelo Alejandro también, y el tio Horacio, y Caito y Marcos. Todos comen ñoquis, por que casi es 29. No te duele nada, ves bien, tienes La Jornada y sabes que estamos y estaremos bien. Sabes, como si lo supiste, que te amamos todos mucho, todos los que te conocimos, por que fuiste una gran mujer. Espero que siempre te hayas enorgullecido de eso: ¡Cuantos te han amado! Y lo supiste.
Te extrañare infinitamente. Aprendí tus dichos, haré tus brindis y recordaré con orgullo tus enseñanzas, chistes y dichos.
Como cada noche te digo: Te quiero mucho abuelita, y tú me respondes: Con los ojos que me ves te miro.
Tu Valecita.

